martxoa 16, 2022

SANTA BARBARA PARKEA, XIX.ean

Santa Barbarako bazter bat
 Beste behin aritu nintzen txoko honetan Arrasateko Santa Barbarari buruz. Gaurkoan, berriz, gaiaren inguruan Migel Madinabeitiak eskainitakoa ekarri nahi dut. Herriko mendixka kutun horren gaineko datuak eman zituen “El Noticiero Bilbaíno” egunkarian, “M” hizkiarekin sinatu eta 1899ko maiatzaren 9an igorritako kronikan. Honela zioen Arrasateko historialariak:

“Si el día de la Ascensión hace buen tiempo se celebrarán en él (Santa Barbaraz ari da) la anual romería, con el concurso de la juventud de este pueblo y la de Arechavaleta, que amenizada con la música y el tamboril resulta animada y pintoresca.

Son muchos los que han estado en Mondragón y no conocen aquel sitio. Para éstos es para quienes escribo estos renglones publicados ya hace siete años. El primitivo nombre del monte en que se celebra la fiesta es Arrasate, en cuya cumbre mandó construir un castillo el rey de Navarra don Sancho Abarca el año 908 (1), y que fue demolido por real cédula de Enrique IV, expedida en Vitoria el 30 de Marzo de 1457, que se conserva el original en el archivo"

Gaztelako Enrike IV
Madinabeitiak 1457ko dokumentua aipatzen du. Eta nik dakidanez, behintzat, dokumentu hori ez da agertzen Eusko Ikaskuntzaren "Fuentes documentales medievales del País Vasco" bildumak Arrasateko artxiboan direnekin osatutako sei tomoetan. Bada, 1457ko martxoaren 28an Enrike IV.ak Gasteiztik ere aldarrikatutako beste dokumentu bat, baina Madinabeitiak dioenaz arrastorik ez dut aurkitu. Oker al nabil? Noan aurrera Madinabeitiaren kronikarekin:

"El nombre actual de Santa Bárbara data del año 1653, porque una señora llamada doña Bárbara Abarrategui erigió en aquel prado una ermita dedicada a su santa, con un retablo a la Ascensión. Son varias y curiosas las vicisitudes por que atravesó la ermita con las guerras y trastornos de aquella época y durante la guerra de Napoleón estuvo destinada a retén y acabó de arruinarse. El año 1861, un grupo de señoras a cuya cabeza figuraba la condesa de Monterrón dio pasos para reedificarla, pero la idea no prosperó por el engorro del expediente.

Existen allí árboles plantados por la oficialidad francesa, como recuerdo de despedida al levantamiento de la guarnición y terminación de la guerra de la Independencia. Gustaba tanto este sitio al general Zarco del Valle (2), que años antes de la primera guerra civil formó a su costa un pequeño jardín, cuyos vestigios aún se notan. Existe también el asiento llamado “del médico” porque un titular de la villa lo hizo a sus expensas en un sitio donde se domina el convento de San Agustín. A un redactor de El Imparcial que frecuentaba el sitio cuando Santa Agueda era Santa Agueda, le sugirió la idea de escribir una leyenda que resultó curiosísima, porque como es natural, figuraba en ella como protagonista una joven monja.

Finalmente, a la falda nordestal de dicho monte hay un barranco sombrío, convertido en espeso matorral, que es donde para la traída de aguas potables a la villa se construyó el depósito. Cuando las excavaciones para su emplazamiento, y a unos tres metros de profundidad, se encontraron dos monedas de cobre, no de gran tamaño, que las adquirí a cambio de una pequeña gratificación.

Fita arkeologoa
Aquellas monedas fueron, para mí, arrastradas allá y derrumbadas entre los escombros de la demolición del castillo de Arrasate, y es indudable que han permanecido sepultadas durante la friolera de cuatro siglos. Aunque no entiendo de numismática las conservo con estimación y no he renunciado a la esperanza de que algún día lleguen a manos del P. Fita (3) para que emita sobre ellas su autorizada opinión.

He omitido algunos detalles para dejar sitio a otra relación más interesante y de pluma mejor cortada que la mía. Tal es la impresión que el paseo de Santa Bárbara causó al ingeniero redactor jefe de “La Gaceta Agrícola del Ministerio de Fomento” que, con su señora, subió allá en una hermosa mañana de Agosto de 1878, y escribió lo siguiente:

Uno de los más bellos paisajes de Guipúzcoa, poco conocido de los forasteros que concurren a tomar las aguas de Escoriaza, Arechavaleta y Santa Agueda, se halla en las afueras de dicha villa de Mondragón. Es un elevado monte denominado Santa Bárbara y que sirve de paseo público. Está situado al Oeste de la población, siendo sus más encantadores adornos los que le otorgó la naturaleza, con elevados robles y fondo de tupido césped de gramíneas. Las zarzas contribuyen espontáneamente al adorno; la yedra se eleva enroscándose a los troncos como serpientes. El terreno es de buena clase y ha favorecido las plantaciones del hombre, para ornamentar con mayores atractivos a Santa Bárbara. Las acacias se han dado allí admirablemente y forman los más espesos bosques de esta selva particular.

Hay además bellísimos criaderos de plátanos de Oriente, que contando unos tres años, anuncian ya dimensiones gigantescas. Dos entradas tiene este paseo, desde la falda del Norte por su parte del SE. Desde aquí van las calles de árboles costeando la montaña por rampas suaves hasta juntarse con una bella explanada del lado opuesto: desde aquí los paisajes son encantadores. La explanada se halla a una mitad de su altura, y para alcanzar la cumbre aún restan más numerosas calles que suben por caprichosas vueltas hasta confundirse con la rotonda de  la cima. Esta rotonda la forma un círculo de altísimas acacias y robles puestos a cuatro o cinco metros unos árboles de otros. En el centro hay un magnífico cedro y el que se encontrase por primera vez junto a dicho árbol, sin saber la salida, viendo por todos lados espeso bosque y el cielo a través de su follaje en todas direcciones, creeríase transportado a un lugar de encantamiento cuya salida no podría adivinar.

El paseo es un bosque por todas partes y por todas también tapizada de fina yerba; bordeando las calles quedan algunos rocales de la época en que este paseo se cuidaba más que en la actualidad. Algunas flores esparcidas caprichosamente aumentarían los naturales encantos, pero los tiene muy grandes, sin embargo en sus soberbias bóvedas de follaje, en sus misteriosas espesuras, en su vegetación exhuberanta y en los dilatados panoramas que se divisan. Eduardo Abela

Madinabeitiak aurreko testua “Euskal Erria” aldizkarian ere publikatu zuen 1886an (4), eta orduan datu gehiago eskaini zituen. Hona hemen:

“En 1808 y en 1836 se abrieron cimientos y aun levantáronse paredes para fortificaciones en el mismo sitio donde fue el Castillo. El magnífico cedro de que habla el Sr. Abela, procedente del palacio de Zubieta en Lequeitio, fue traído por su dueño D. Carlos Adan de Yarza, descendiente por línea materna de este pueblo y plantado el año 1854”



(1)    “Otros niegan su existencia con anterioridad al año 1200, fundándose en que el arzobispo D. Rodrigo no hace mención alguna de él, entre los que se entregaron al rey D. Alonso VIII, siendo así que cita otros que tuvieron esta suerte en la provincia. También es tradicional, aunque no está basado en la historia, que las cercas de este pueblo y las del Castillo principiaron a construirse de orden de Ponce de Morentain, en la época en que Guipúzcoa dependió de los reyes de Nabarra. Como quiera que esto sea así, es lo cierto que el castillo existió como lo atestigua Garibay, que conoció sus vestigios. Fue desmontado en el sétimo año del reinado de D. Juan II y acabado de demoler por su padre (jakina, Madinabeitiak idatzi beharko zuen "su hijo") D. Enrique IV, según cédula del 30 de marzo de 1457. En el siglo XVI era costumbre hacer salvas de mosquetes desde este punto, cuando transitaban las personas reales por uno u otro lado de la confluencia de los ríos Deva y Aramayona. (Miguel Madinabeitia)

(2)    Antonio Ramón Zarco del Valle espainiar ejerzitoaren burua izan zen 1823an eta Angulemako Dukearen aginduetara ari ziren frantziar tropen kontra egin zuen. Fernando VII Espainiara itzuli zenean, boteretik kendu zuen Zarco del Valle. Baina lehen karlistada hasi zenean, karlisten kontrako errepresioa eratu zuen.
(3)    Padre Fita. Jesuita (1835-1918) Historialaria eta arkeologoa.
(4)     Euskal-Erria: Revista Bascongada San Sebastián. T.15 (2. sei hilabetea. 1886),  p. 433-435

Argazkiak: JMVM, Wikipedia

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