miércoles, 8 de enero de 2014

ESTEBAN DE GARIBAY: 480 URTE



Laurehun  eta laurogei urte beteko zituzkeen iaz Esteban Garibay arrasatearrak, 1533ko martxoaren 9an jaio baitzen. Asko idatzi da gure historialariaz eta iaz nik ere beste idazkiño bat agertu nuen Euskonewsen,

 (http://www.euskonews.com/0661zbk/gaia66104eu.html) 

Gaurkoarekin irekitzen dut bi alditako ekarpen berri bat, Miguel Madinabeitia “Garibayzalea”k  1872an idatzitakoaren transkripzioarekin. “La Ilustración española y americana” zeritzan aldizkarian aurkitu dut, urte hartako abenduaren 8ko berrogeita seigarren zenbakian. Idazkiak garbi uzten du Garibayren gaineko Madinabeitiaren ezagutza. Eta horrek meritua eskaintzen dio orduko arrasatear udal idazkariari. Miguel Madinabeitiak honela zioen artikulu hartan: 

“En una de las calles de Mondragón, que todavía conserva su primitivo nombre de Arrabal de Abajo, por estar situada fuera de murallas y a la parte bajiza del pueblo, existe, señalada con el número 13, la casa nativa del historiador Esteban de Garibay.

Poco puede decirse de un edificio que tras de no encerrar ninguna belleza del arte, apenas se distingue de los más vulgares. Su fachada actual fue renovada el año 1560, con el objeto de abrir una ventana rasgada, y colocar el balconcito de hierro que subsiste y tiene el mérito local de ser el primero que se puso ene l pueblo con vidrieras traídas al intento de Nantes. 

De los blasones que decoraban el frontispicio, sólo quedan fragmentos y corresponden, así como la casa misma, a la antigua progenie de los Zamalloa, de donde han salido varones insignes, principiando desde Fernan Perez de Zamalloa que floreció hacia e laño 1430, hasta el padre del historiador, que nació en ella el 28 de diciembre de 1497, y que fué condiscípulo de San Ignacio de Loyola en la Universidad de Alcalá y amigo del duque de Gandía, que hoy también veneramos en los altares con el nombre de San Francisco de Borja. El libro de acuerdos del ayuntamiento de esta villa está enriquecido con varias firmas de aquel caballero, como testimonio fehaciente de que figuró en los cargos honoríficos, incluso el de alcalde, habiendo servido también en los diferentes negocios del municipio como jurista que era. Firmaba Esteban de Zamalloa, lo mismo que su hijo el historiador, que no adoptó el apellido de Garibay hasta la publicación de su obra.

El primer vástago de este apellido que entroncó con la familia del historiador fue Juan Lopez de Garibay, del solar de su nombre en Zubillaga, barrio de la noble villa de Oñate, que casó en Mondragón con doña Ordina de Zamalloa y Lariz por los años de 1461, según el historiador refiere en sus Memorias. 

Sentadas estas premisas consignaré que en esta casa tan modesta se efectuó uno de los hechos más grandiosos que registra la bibliografía española del siglo XVI, pues allí Garibay, depués de reconocer a sus expensas los principales archivos de España, empezó a escribir en 1556 y concluyó felizmente en 1566, los “Cuarenta libros del Compendio historial de las Crónicas y universal historia de todos los reinos de España” obra momumental que mereció aprobaciones gravísimas, así nacionales como extranjeras. No importa que el Padre Mariana, que tanto le debía, guardase respecto de ella un injustificable silencio y que el más celebrado de nuestros historiadores contemporáneos, don Modesto Lafuente (1) se contentara con decir que la obra de Garibay es mejor para ser consultada que para ser leída, si bien como investigador y laborioso fue el autor de los primeros de su siglo.



En mi humilde juicio, después de Colón ha habido pocos hombres tan desinteresados como Garibay y que hayan hecho tanto como él por pura y noble ambición de gloria. Prueba de ello es que comenzó, como dice un autor, un camino no hollado ni trillado hasta entonces; reconoció archivos, emprendió viajes, sufrió repulsas sin interés ni protección de nadie, expuso su vida y, lo que no es menos penoso, agotó su hacienda toda por ver terminado su trabajo, que imprimió en tres gruesos tomos de a folio en Amberes el año 1571, habiendo él mismo dirigido la impresión que duró cerca de un año, de cuya obra se hizo una segunda edición en Barcelona en 1628. 

También Mondragón debe gloriarse de contar entre sus hijos a Esteban de Garibay, y por los beneficios que reportó a la villa, induciendo a su amigo y paisano don Pedro de Marquina, canónigo de Cuenca y capellán de S.M, a que de sus bienes fundara, como en efecto fundó, entre otras, una obra pía para dotar al pueblo de una escuela, que hoy se llama de instrucción primaria y hasta entonces no existió. Del mismo modo redujo a Juan de Araoz y Uriarte a la fundación del convento de San Francisco de este pueblo, con objeto de establecer en él cátedra de latinidad y teología moral, que ha subsistido desde 1588 hasta diciembre de 1840, siendo yo el postrer cursante de latín en ella, y el convento el último que se suprimió de España.

Pero si muchos disgustos ocasionó a Garibay su empresa literaria, no fueron menos los que experimentó con el clero secular de este pueblo, que opuso la más tenaz resistencia a la erección del citado convento, teniendo en su apoyo al Ordinario, que fulminó censuras y anatemas a los partidarios de la fundación, si bien se estrellaron en la entereza de ánimo y constancia de Garibay, que puso en juego su influencia en Madrid y Roma para contrarrestarlas. De estas desavenencias con el cabildo eclesiástico tuvo origen, en mi concepto, la frase ya universal de Alma de Garibay, cuyo enigma se explicaba en nuestra niñez envuelto en misteriosas consejas, que si bien deleitaban entonces nuestra imaginación, hoy no se pueden relatar por lo que tienen de fútiles, menos la parte verdadera de que en la casa a que este artículo se refiere “vivió un joven muy sabio que recorrió toda España con su caballo y un criado” 

Deseando yo rendir un homenaje de veneración al ilustre historiador, me propuse dedicarle una lápida conmemorativa. Comunicado mi proyecto a don Vicente de Oquendo, propietario de la casa, no solo lo aprobó con la amabilidad que le caracteriza, sino que se encargó él mismo de mandar construir por su cuenta una lápida que se colocó en 16 de marzo de 1871 y cuya inscripción es la siguiente:
 
“En estas casas nació Esteban de Garibay y Zamalloa, domingo 9 de marzo de 1533, y en ellas compuso y acabó de escribir a la edad de 32 años la Historia General de España, que por primera vez se publicó en nuestra nación. Fue cronista de Felipe II y murió en Madrid el año de 1599” 

Artikuluan azpimarratu ditut zenbait baieztapen, interesgarriak iruditu zaizkidanak Arrasateko historia txikia finkatzeko: etxea lehen aldiz berriztatu zeneko data (1560) Pedro Markina kalonjeari buruz egiten duen aipamena, abade horrek arrasatear gizartearekiko zuen lotura dela-eta; San Frantzisko komentuaren gaineko zehazkizunak, latina dela-eta, eta itxi zen azken komentua izan zela adieraziz; Alma de Garibayri egiten dion ekarpentxoa.

  

(1)   Idatzi zuen “Historia General de España”  deritzana, hogeita bederatzi tomotan.

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